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El 17 de junio es el Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, una fecha en la que queremos recordar que nuestros equipos electrónicos pueden estar vinculados a la violación de Derechos Humanos alrededor de todo el mundo: financiación de guerras en la República Democrática del Congo, explotación laboral en China o contaminación ambiental en Pakistán. Pero se pueden fabricar y consumir equipos que tengan menores efectos negativos. Hacer que la fabricación y consumo de equipos electrónicos no se haga costa de las personas y el medio ambiente está en manos de todos: consumidores, fabricantes, operadores y gobiernos.

Los equipos electrónicos, como el teléfono móvil, el lector de libros electrónicos, la tableta, el televisor, el reproductor de MP3, la videoconsolas, etc., están tan presentes en nuestras vidas que en 2013 teníamos en España más de 50 millones de teléfonos móviles para 46 millones de habitantes.

La vida de un equipo electrónico se inicia con la extracción de los minerales que se emplean en su fabricación, pasa por su ensamblaje, venta y consumo, y termina con su desecho. En cada una de esas etapas se emplean prácticas que tienen impactos negativos en multitud de personas en el mundo.

El 35% de un teléfono móvil medio está formado por unos 30 metales diferentes. Algunos de esos minerales se están extrayendo y procesando a costa de las personas. En la República Democrática del Congo hay grupos armados que se financian con el comercio de minerales necesarios para los equipos electrónicos, como el oro, la caserita, la columbita (coltán) y la wolframita. En esas minas se estima que hay unos 50.000 menores trabajando. Se han dado casos de enfermedades pulmonares en menores en zonas de Rusia donde se extrae níquel, cobalto, platino y paladio, contaminación del aire en zonas mineras de China, expulsión de habitantes de sus tierras en Sudáfrica o contaminación del agua para el consumo humano en la extracción de cobre en Chile.

La mayoría de la fabricación de electrónicos se realiza en China (la mitad de los móviles y portátiles del mundo), India, Tailandia, Filipinas, México y Europa del Este. En algunas fábricas de estos países se han detectado violaciones de los derechos laborales como: exposición a productos químicos tóxicos; jornadas laborales excesivas; obligación de realizar horas extra no remuneradas; pago de salarios por debajo de los límites legales, especialmente a mujeres; o prohibición de sindicarse o hacer huelga.

También se dan impactos medioambientales en la fabricación: para construir un ordenador se necesitan de media 1.500 litros de agua (unas 250 cisternas de inodoro), 5.300 kWh de energía (el consumo medio de una familia española de cinco miembros durante 20 meses), 240 kg. de combustibles fósiles y 22 kg. de otros químicos. El 80% de la energía que consume un ordenador en todo su ciclo de vida se consume durante su fabricación.

Pero después de usar los equipos electrónicos, también se dan impactos negativos. La basura electrónica es actualmente el tipo de basura que más rápidamente crece en el mundo. En Europa tiramos cada año más de 100 millones de móviles generalmente con menos de dos años de uso y en 2010 se generamos 8,7 millones de toneladas de basura electrónica (15 Kilos anuales por persona). Aunque existe una directiva europea para recolectar y tratar adecuadamente la basura electrónica apenas se aplica a un 25% de la misma.

Muchos residuos de electrónicos se exportan, en ocasiones de forma ilegal, a países como Nigeria, China o Pakistán, donde no hay una adecuada legislación medioambiental, terminando en vertederos donde cientos de personas se afanan por extraer materiales que luego venderán. Pero hay materiales en los equipos electrónicos como como PVC, retardantes de llama bromados (BFR), policlorobifenilos (PCB), plomo, cromo, antimonio, bario, etc. que si no son tratados adecuadamente pueden afectar la salud de las personas o contaminar el medio ambiente.

En Guiyu (China), donde existe uno de esos grandes vertederos de residuos electrónicos, más de un 88% de niños tiene niveles muy altos de plomo en la sangre y los habitantes de la zona tienen los niveles de dioxina más altos jamás encontrados en personas.

Pero nada de lo anterior es inevitable: fabricantes, compañías de telefonía, gobiernos y consumidores podemos contribuir a cambiar esa situación, como indicamos en nuestra campaña Tira del Cable

Fuente: ONGAWA.

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